Martes, Diciembre 12, 2017
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Don Félix Reojas, pionero de la computación en Coahuila

Por: Jorge Arturo Estrada |||

 

Me gustaba muchísimo programar computadoras.  No me cansaba. Sólo había otras dos computadoras en el país. Pemex y la UNAM. Decidí ir por las noches, me dediqué intensamente a cumplir el proyecto encomendado.

 

Le gusta ayudar y resolver problemas. También, emprender proyectos que ayuden a cambiar la vida de las personas. Es un destacado miembro del leonismo y del trabajo voluntario en la entidad. Es un apasionado de su trabajo, recuerda lo que su abuelo le dijo en la niñez: “Al trabajo no hay que tenerle miedo.” Don Félix Reojas, es también uno de los pioneros de la computación en Coahuila y en Saltillo.

Nace 1938, en Frontera, Coahuila, una pequeña villa a la que una estación de ferrocarriles le daba la vida económica. Su padre muere seis meses antes de su nacimiento. Entonces, su  familia se muda a vivir con sus abuelos.

En 1957, con 19 años, ingresa a Altos Hornos de México, en la vecina Monclova. Es contratado para trabajo de oficina, se encarga de ayudar con las máquinas de contabilidad de Registro Directo y Clasificador de Tarjetas. Ahmsa tenía 10 mil empleados en aquellas fechas. Traer y llevar tarjetas, nuevas y ya listas, perforadas, se convierten en sus primeras tareas.

Por 1960 se escuchan las primeras versiones de que una computadora está por llegar. A los empleados se les somete a exámenes psicométricos y de habilidades, y se eligen sólo a seis.  El joven Félix Reojas es uno de ellos. Llega una intensa etapa de preparación, la máquina que llegará es una Univac USE 80.

Coahuilamx: ¿Y en qué momento usted había oído hablar de las computadoras?, Era algo muy nuevo, a mediados de los cincuentas apenas se empezaron a construir las primeras para comercializarse. “La Univac fue una de las primeras..., responde.

“Yo supe de las computadoras cuando nos dijeron: "Va a venir una computadora, ya no vamos a trabajar con estas máquinas...”, Ahí fue cuando empezamos y que nos dieron los primeros cursos, yo estaba chavo, 20 o 22 años, cuando me seleccionaron. Entonces me dijeron "Mira, ten esta introducción a lo que va a ser la computadora" En la torre, en inglés. Y entonces, lo primero que hice esa tarde que salí, me fui a la librería Patria y compré un diccionario inglés-español”.

Luego siguió otro manual, y otro manual, y otro manual y ya le hallamos, muy bien. “Llega computadora, ya para entonces ya nos habían dado clases de cómo hacer los programas, y usar las memorias. Era una chulada, me encantaba, porque yo la gozaba, o sea la gozaba, me gustaba aquel trabajo. Y entonces, cómo me gustaba pues no me cansaba y le dábamos; y síguele y síguele y síguele jalando, no hay problema...

Don Félix sonríe ampliamente cuando recuerda: “Era como trabajar a pie, descalzo y entre espinas. Se programaba directo en la máquina. En las entrañas mismas, recuerda con una sonrisa. Luego nos capacitaron con cursos de matemáticas de dos años; algebra, cálculo y trigonometría.

Me encantaba mi nuevo trabajo. Me gustaba muchísimo programar computadoras.  No me cansaba. Sólo había otras dos computadoras en el país. Pemex y la UNAM. Decidí ir por las noches, me dediqué intensamente a cumplir el proyecto encomendado.

Los jefes me felicitaron, como ya iba adelantado en lo mío yo ayudaba a los demás. De noche se avanzaba más rápido, recuerda. En 1964 nos llega una máquina de segunda generación, la IBM 360. Como la de la NASA, ahí sí ya programábamos con lenguajes. Cobol, Rpg. Era bien interesante. La 360 tenía 32 k de capacidad.

“Yo terminaba mi tarea, ya terminé y ya funcionaba, y hacíamos la facturación. Entonces yo estaba en el escritorio y llegaba alguien, de los que todavía no terminaban. Oye Félix, tengo esta bronca, no jala el programa a ver si tu puedes...,Y sí, dale por aquí y dale por allá y esto y lo otro", comenta.

Entonces, aprendí más a resolver problemas de los que yo resolvía para mí mismo, porque veía problemas de todos tipos. Me empezó a gustar esa chamba, de ser un administrador de técnicos, más que ser un técnico. Porque llegaba alguien y me sentía bien, por el hecho de que lo había ayudado. Y eso era importante, que te agradaba que vinieran a preguntar; o sea no venían a interrumpir, ni a molestar como pudiera sentir alguna otra persona.  

En 1967 en el Grupo industrial Saltillo encargan una máquina IBM 360, llegaría en 1968. Ellos preguntan a la gente de IBM respecto a personal calificado para operarla, mexicanos. “Me recomiendan, y me cambio a Saltillo como jefe del departamento de sistemas, expone. En 1972 llega la IBM 370. “Los ingenieros del Tec de Saltillo eran nuestros reclutas”.  Don Félix también fue catedrático en ese plantel y en la entonces naciente escuela de Sistemas de la Universidad de Coahuila.

Bajo su dirección se modernizaron los procesos y sistemas de producción; y también se reestructuraron las comunicaciones del Grupo, que vivía un proceso de acelerada expansión.   

“En 1975 me invita el presidente del club de Leones, Jesús Ochoa Ruesga a un proyecto, administrativo, en el Club. Me gustaba ayudar. Al participar con los Leones ves directamente cómo tu ayuda, cambia vidas a las personas. Después, igual que mi vida en las computadoras, dejé de ser un programador, dejé de ser un técnico y aquí me convertí en un administrador de técnicos, me entiendes, educando, capacitando, checando, revisando a los programadores o analistas”.

 Acá en los Leones me sucedió algo similar, dejé de ser León, y me convertí en un administrador de Leones porque hay una carrera leonística que vas escalando, presidente del Club que yo fui en el 85-86. luego Jefe de Zona. Y en 1993 Gobernador del Distrito III, que comprende San Luis, Tamaulipas, Nuevo León y Coahuila.

Los indicadores de impacto son bien difíciles de medir, indicadores de cómo mido lo que siente una persona que no veía por sus cataratas, la operan y ese señor ya vuelve a ver a sus hijos y a la familia, y las flores y a las montañas. Porque así lo dijo él: "Ya puedo ver Zapalinamé otra vez", rememora Don Félix.

¿Entonces, cómo mides ese impacto? Cuando ves, cuando entregas, cuando das algo y solamente te dicen "Gracias señor". O una señora que dice "Dios te bendiga”. Te va a gustar, te va a agradar que te digan simplemente gracias.”Así estamos, por eso nos gustó ahí, el Club de Leones, porque era un trabajo que te ofrecía retos y problemas a resolver. Y además se podía lograr impactar en la vida de las personas para tratar de mejorárselas, ¿no?”, agrega.

Recuerda cuando llegó el momento de retirarse del Grupo Industrial Saltillo: “Después de que termino ahí, paso dos, tres años descansando, haciendo asesorías y tratando de ayudar a algunas gentes. Por el año 2000 lo invitan a trabajar en el Voluntariado Coahuilense. “Y me voy a trabajar al Voluntariado Coahuilense”, dice.

Llega al Voluntariado de Coahuila de jefe, un amigo mío, Raúl Ortiz. Y me comenta: "Le hablé a mis 3 directores, y les pido información, y me llegaban con hojitas, con unos papelitos, en cuaderno y otro en una servilleta, me traían información toda desordenada y toda sin un control sin un formato, sin un nada...

 

Me llama: "Félix quiero que me ayudes", porque él ya sabía quién era yo. Él ya había trabajado en Vitromex, ven arréglame este lío. Te vienes a trabajar aquí." Y empezamos a trabajar ahí, en el área de informática.  Ahí, Don Félix combina sus habilidades como activo promotor del voluntarismo y sus experiencias para resolver problemas como analista experto. También, se prepara en los procesos de Calidad y en las tareas de la entonces naciente transparencia gubernamental. Ha regresado de tiempo completo al leonismo. Sonríe, de nuevo, y comenta que aún tiene varios proyectos que emprender.