Martes, Diciembre 12, 2017
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El arte es un disparador de preguntas

Por: Sylvia Georgina Estrada |||

Es necesario un espacio en el que se pueda apreciar la obra de los grandes exponentes del arte universal. ¿Por qué no pensar que un saltillense pueda ver, en su ciudad, un lienzo de Pablo Picasso?

 

El hombre y el arte son indisociables. Gracias a la pintura, la danza, la escultura, la literatura o la música, el mundo se convierte en un sitio más inteligible, más accesible, en un espacio en el que nos reconocemos no sólo a nosotros mismos, también al otro.

Desde hace varias décadas los Gobiernos han dedicado parte de sus recursos a crear programas, apoyos y sitios con el fin de que la cultura y el arte sea un diálogo entre creadores y públicos. A pesar de las buenas intenciones –y en muchos casos de abundantes recursos monetarios– los proyectos suelen centrarse en ciertas áreas, descuidando otras. En Coahuila abundan los museos –tan sólo en Saltillo podemos contar más de 20-, pero tener un gran número de lugares con una cierta vocación cultural no siempre equivale a contar con propuestas de calidad que interesen al público a involucrarse en cuestiones artísticas.

Por supuesto que vale la pena conocer la historia de la región –objetivo que tiene gran parte de los recintos de la capital coahuilense, basta pensar en los museos de la Revolución Mexicana, de los Presidentes, del Palacio, del Normalismo, del Desierto e incluso del Sarape y los Trajes Mexicanos-, pero también es necesario un espacio en el que se pueda apreciar la obra de los grandes exponentes del arte universal. ¿Por qué no pensar que un saltillense puede ver, en su ciudad, un lienzo de Pablo Picasso? Es verdad que hemos tenido oportunidad de apreciar una pequeña exposición de grabados del malagueño hace unos años, y hace unas semanas otra, también de grabados, de Salvador Dalí; pero para exponer obra pictórica de primera es necesario tener un espacio a la altura de las circunstancias: una amplia galería que dé cabida a exhibiciones en forma, tanto de artistas contemporáneos como de los nombres que han transformado la historia del arte.

Hace unos meses la obra del colombiano Fernando Botero, así como del oaxaqueño Francisco Toledo, se expusieron en el Museo Arocena de Torreón. Es una lástima que la capital del Estado, por no tener un sitio adecuado para exposiciones de gran envergadura, se quede sin estas muestras que atraen a miles de visitantes y que pueden brindar, especialmente en niños y jóvenes, otra forma de interpretar el mundo.

No faltará quien señale que los interesados deberían tomarse el tiempo de realizar un viaje de menos de tres horas, incluso de 45 minutos si pensamos en ir a Monterrey para visitar su Museo de Arte Contemporáneo que tiene exposiciones de primer mundo. ¿Pero qué pasa con quienes no tienen los recursos para trasladarse de ciudad? ¿Qué hay de los estudiantes que son visitantes asiduos de los museos en ciudades como el Distrito Federal, Guadalajara, Querétaro o Zacatecas; por qué este modelo no puede replicarse en Saltillo?

El investigador Néstor García Canclini considera que una exposición es más que una simple colección de obra, “es un disparador de preguntas”. ¿Cuántas personas han sentido desatarse sus inquietudes al ver una obra de arte? De acuerdo a la Encuesta Nacional de Hábitos, Prácticas y Consumo Culturales en Coahuila, hecha por el Conaculta en 2010, el 89.5% de los encuestados nunca ha asistido a una exposición de artes plásticas (dibujo, grabado, escultura, pintura, arquitectura). El 34.5% no va a exposiciones porque no le interesa, mientras que el 15.57% no asiste porque no conoce el tema.

Y un estado en el que abundan los recintos culturales, suena hasta asombroso que sólo el 63.9% de los entrevistados ha visitado alguna vez un museo.  Las cifras jamás podrán cuantificar el impacto que tiene una obra de Orozco, una ópera de Donizetti  o un montaje de Darío Fo en una persona. Sin embargo, todavía hay mucho por trabajar en materia cultural.